Seh...
Ya llevo algo más de una semana en Berlín... y sí, estoy en casa.
Me gusta mucho esta ciudad.
Y tengo muchos sueños por cumplir.
Quiero mucho a Bogotá, a fin de cuentas allí nací y crecí, es la ciudad donde viven muchas de las personas que más me importan en el universo... pero he de admitir que no cambio este lugar por nada.
Tal vez estoy sola, tal vez tengo el corazón hecho polvo (seh, los pedazos son tan pequeños que ya parecen polvo) pero al menos tengo un lugar para mí.
Un lugar al cual llegar, cerrar la puerta y que nada ni nadie me moleste.
Un lugar donde cantar mi música favorita a todo volumen sin importar que sean las 12 p.m. (bueno, hasta ahora al menos no he recibido quejas de ningún vecino, lo cual me alegra montones).
Además, ahora tengo un motivo más para quedarme aquí y ser feliz.
Voy a estudiar la carrera que quiero.
Voy a dedicarme a estudiar lo que soñé desde que era una niña.
Y muy seguramente, eso me permitirá seguir viajando, seguir conociendo el mundo.
Por eso me gusta tanto estar aquí.
El mundo es demasiado grande como para quedarme en una sola ciudad quieta por toda mi vida.
Y acá es un poco más sencillo viajar.
Además, faltan muchos idiomas por conocer.
Muchos museos por ver.
Uno que otro sitio arqueológico por visitar...
Quién sabe, hasta desenterrar alguna tumba...
Falta ir a Japón.
Por eso, debo recobrar los ánimos que hace un par de semanas perdí por completo.
Debo mandar esos pensamientos tontos al abismo.
Incendiarlos. Destruirlos. Olvidarlos.
Es lo más sano para mí.
Tengo miles de cosas por ver, países por conocer, conocimientos por descubrir entre los libros y en la vida diaria.
Tengo que levantarme.
Me he tropezado, me he caído y creo que ya va siendo hora de levantarme (aún cuando las heridas siguen doliendo).
Porque esto aún no termina.
Ya llevo algo más de una semana en Berlín... y sí, estoy en casa.
Me gusta mucho esta ciudad.
Y tengo muchos sueños por cumplir.
Quiero mucho a Bogotá, a fin de cuentas allí nací y crecí, es la ciudad donde viven muchas de las personas que más me importan en el universo... pero he de admitir que no cambio este lugar por nada.
Tal vez estoy sola, tal vez tengo el corazón hecho polvo (seh, los pedazos son tan pequeños que ya parecen polvo) pero al menos tengo un lugar para mí.
Un lugar al cual llegar, cerrar la puerta y que nada ni nadie me moleste.
Un lugar donde cantar mi música favorita a todo volumen sin importar que sean las 12 p.m. (bueno, hasta ahora al menos no he recibido quejas de ningún vecino, lo cual me alegra montones).
Además, ahora tengo un motivo más para quedarme aquí y ser feliz.
Voy a estudiar la carrera que quiero.
Voy a dedicarme a estudiar lo que soñé desde que era una niña.
Y muy seguramente, eso me permitirá seguir viajando, seguir conociendo el mundo.
Por eso me gusta tanto estar aquí.
El mundo es demasiado grande como para quedarme en una sola ciudad quieta por toda mi vida.
Y acá es un poco más sencillo viajar.
Además, faltan muchos idiomas por conocer.
Muchos museos por ver.
Uno que otro sitio arqueológico por visitar...
Quién sabe, hasta desenterrar alguna tumba...
Falta ir a Japón.
Por eso, debo recobrar los ánimos que hace un par de semanas perdí por completo.
Debo mandar esos pensamientos tontos al abismo.
Incendiarlos. Destruirlos. Olvidarlos.
Es lo más sano para mí.
Tengo miles de cosas por ver, países por conocer, conocimientos por descubrir entre los libros y en la vida diaria.
Tengo que levantarme.
Me he tropezado, me he caído y creo que ya va siendo hora de levantarme (aún cuando las heridas siguen doliendo).
Porque esto aún no termina.
2 comentarios:
YAHOO! Mi monstruito bello tiene su moral alta de nuevo! Bueno, si necesitas un buen horno incinerador para esos pensamientos estorbosos o un buen bálsamo para heridas, no dudes en llamar!
Te quelo! (Carita de niño chiquito)
saludos desde Finlandia, ando por aca esta semana :)
Mauricio (si, el de Frankfurt :D )
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